• La lectura y la propaganda es el cauce idóneo de los que sienten la necesidad de espiritualismo para consuelo de las almas y para la regeneración social

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El peregrino de la voluntad de Dios

Autor: Manuel Ruiz Jurado.
Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos, 2.006.
Paginas: 256.
ISBN: 84-7914-432-7.
P.V.P.: 15,00 €.

En este libro nos encontramos ante el verdadero Iñigo de Loyola, es decir ante un San Ignacio despojado de datos biográficos inútiles y lleno de datos espirituales necesarios para los hombres (y los españoles) de hoy. Como en la vida de cualquier Santo, nos encontramos ante un hombre universal y atemporal, dado que en cualquier latitud y tiempo, su riqueza espiritual puede encontrar un lector apasionado que quiera seguir la senda del Santo, que no es otra que la Senda de Cristo Nuestro Señor. Ahora bien tratemos de desglosar los valores que esta biografía espiritual puede aportar al español de hoy.

En primer lugar nos encontramos a un Iñigo vasco, guipuzcoano y por ello español, es más, nos encontramos ante el español más universal que esta rica tierra ha aportado al mundo. Es precisamente esta españolidad que le otorga su origen (guipuzcoano), su actuar (el de la Iglesia de Dios Uno y Verdadero), y sobre todo, su formación (en una Guipúzcoa inmersa en un puro catolicismo), la que hace su figura incómoda a los autoerigidos en vascos auténticos (nacionalismo peneuvista o filoetarra). Efectivamente, católico y vasco no duda en defender a su señor (Rey de Castilla) frente a la agresión de una Francia avasalladora que quiere Navarra como cuña en los territorios hispánicos. El entonces Iñigo López de Loyola defiende heroicamente una Pamplona acosado por los ejércitos franceses. En palabras del prócer carlista Víctor Pradera “al sellar con la sangre las murallas de Pamplona (…) señalaste a los vascos el camino del patriotismo”. Efectivamente, en la herida de gravedad que recibe en la defensa de Pamplona y que hace que Iñigo vea cercana su muerte, la sabia providencia teje el futuro de conversión de este Santo sin par.

Desde ese acontecimiento, Iñigo de Loyola español, inicia su conversión a caballero. Una vez apartado de las vanidades del mundo, que supusieron principal ocupación en su juventud, encuentra en la Santísima Virgen a su dama, y tras un difícil camino espiritual, velará sus armas de caballero Santo en las faldas de otro reducto de catolicidad y de españolidad: Montserrat. Ya tenemos al caballero que inicia su aventura espiritual  recorriendo Manresa, Barcelona, Venecia, Tierra Santa, Alcalá de Henares, Valladolid, Salamanca, Paris, Venecia y Roma, y dejando en todas esta ciudades su aroma de santidad.

Pero el verdadero sentido de esta biografía espiritual, como no puede ser de otro modo en una hagiografía, es mover al lector hacia Dios. Esta incitación  no la va a hacer ni el Loyola español, ni el Loyola caballero, sino que la provocará el Loyola Santo y Universal, que nos enseña como la oración es el mejor modo de llegar a Dios, como la renuncia a la propia voluntad es el mayor timbre de gloria, como la humildad es la antesala de la santidad. Es este Loyola acendrado  en la oración diaria, el que ha de transmitir al hombre de hoy, el más bello de los mensajes, el servicio al prójimo que es el servicio al Padre. San Ignacio se nos presenta, sobre todo, como el modelo que todo católico (seglar o religioso) tiene que seguir, el modelo de la renuncia a la propia voluntad para convertirse en pura voluntad de Dios. La máxima enseñanza de San Ignacio, y la mejor enseñanza del libro que hoy tenemos en nuestras manos, es comprender “que el seguimiento de Cristo está, no en hacer las grandes cosas que imaginamos poder hacer, sino en cumplir, « con Él» y « como Él» la misión que el Padre nos encomienda a cada uno: la realización personal de su voluntad, nuestra adhesión total a ella, buscando en todo encontrarla y realizarla con plenitud”.

Recomendamos afanosamente la lectura de esta vida espiritual del español, caballero y Santo, Ignacio, para  que todos nosotros nos convirtamos en verdaderos peregrinos espirituales hacia la meta de la voluntad de Dios sobre nosotros. Ese camino sólo lo puede recorrer cada individuo con el sólo diálogo con Dios. Hoy más que nunca son necesarios hombre de Dios que recristianicen una sociedad infectada por la vanidad, la tiranía de los sentidos, la vacuidad de sus fines, la corrupción de sus costumbres y la necedad de sus miras. El peregrino Ignacio nos enseña el camino a recorrer, que no es otro que el que Dios nos marca a cada uno, y el que cada uno tenemos que descubrir. Que así sea.