Autor: Esparza, J.J.
Editorial: Áltera. Madrid 2007.
Páginas: 375.
ISBN: 978-84-96840-04-1
PVP: 25 Euros.
La puesta en marcha por parte del Gobierno de Rodríguez Zapatero de la Ley de Memoria Histórica ha tenido consecuencias de distinto alcance. Percibida por una parte sustancial de la sociedad española como una tentativa de los herederos de los vencidos en la guerra civil de ajustar cuentas con los vencedores -como un intento de revancha y una manifestación de rencor, en definitiva-, su tramitación, aprobación e introducción en el debate político ha tenido como uno de sus principales efectos –malgré monsieur Zapatero-, la aparición de un fenómeno editorial, en forma de una larga serie de títulos, que impugna la versión unilateral que pretende consagrarse vía BOE.
Se trata de una ingente producción, que ha llegado al mercado y que, por lo mismo, muestra una desigual calidad. Junto a obras estimables se han deslizado otras de mediocre factura, escasamente innovadoras y perfectamente prescindibles. La que nos ocupa no pertenece, desde luego, a estas últimas. Antes al contrario, Esparza ha escrito la que quizá persista como obra de referencia tanto por la documentación manejada como por el entramado que teje, en el que esa documentación cobra vida. No es, como en tantas ocasiones hemos sufrido, una mera recopilación; ni tampoco una elucubración apenas justificada por las notas que se aducen, ni una colección de testimonios que, por causa de su abundamiento, terminan por hastiar o apenas referir una casuística a modo de interminable letanía.
En nuestro caso, el autor despliega un fresco vívido, de extraordinaria amenidad y de un rigor más allá de toda duda. Mostrando el objetivo y las razones que movieron al gobierno de la República a amparar los crímenes cometidos en su zona, la constitución de un poder paralelo a cargo de las milicias y partidos de Frente Popular, la cobertura legal que se le dio al asesinato y hasta al genocidio; indaga en las matanzas colectivas perpetradas en la zona frentepopulista, en su naturaleza y en su finalidad. Pero, sobre todo, encaja todos estos hechos en su contexto, los explica en función de una ideología de odio, totalitaria y criminal que, ya fuese en forma institucional o bien disfrazada de “incontrolados”, perseguía un mismo objetivo criminal. Un objetivo que no brotó como por ensalmo el 18 de julio, sino que encuentra su lógica en la prédica revolucionaria que venía incubando con anterioridad los gérmenes de la brutal persecución que se desencadenó en España en el fatídico verano de 1936.
Apoyado en una documentación tan extraordinariamente sólida como la que se encuentra en la Causa General, proyecta una explicación –y no tan sólo una panoplia narrativa- de los hechos acaecidos hasta el final de la guerra. Inevitablemente, se adentra en la evolución de la zona frentepopulista a lo largo de la guerra mostrando cómo la pulsión del asesinato formó parte del ethos rojo y que, si bien disminuyó en términos cuantitativos – en función del hecho del descenso de potenciales víctimas, ya que estas habían sido aniquiladas-, la represión tomó otras formas, se institucionalizó y no cesó hasta el último día del conflicto.
Estamos, pues, ante un trabajo de primer orden. Seguramente, la academia oficialista –en las sectarias manos de quienes profesan la unilateralidad del propagandista- tenderá a ignorarlo. Pero el lector que verdaderamente esté interesado en conocer lo que sucedió no podrá prescindir de este libro. Pues, de entre las obras dedicadas al “terror rojo” (título que al autor justifica cumplidamente) y la represión, sin duda estamos ante la más estimable de todas. Y con la que está cayendo, resulta imprescindible.
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